![]() ![]() |
![]() |
La prevención y el manejo del burnout: estrategias de intervención (continuación)
Los programas de intervención se desarrollan a tres niveles estratégicos: a) Individual: considerando estrategias de afrontamiento al estrés, b) Interpersonal: potenciando la formación de habilidades sociales y las estrategias relacionadas con el apoyo social en el trabajo, y
c) Organizacional: eliminando o disminuyendo estresores del entorno institucional.
A nivel individual, las estrategias se centran en la adquisición y mejora de estilos de afrontamiento. Según Matteson e Ivancevich (1987) se clasifican en: 1) Programas dirigidos a estrategias instrumentales (para la solución de problemas) y, 2) Programas dirigidos a estrategias paliativas (para el manejo de las emociones asociadas). Dentro de los primeros, se ubican las técnicas de resolución de problemas y asertividad, manejo del tiempo en forma eficaz, optimización de la comunicación, cambios en el estilo de vida, etc. Entre los segundos, cabe destacar al entrenamiento y adquisición de habilidades para expresión de emociones, el manejo de sentimientos de culpa y la relajación. Los afrontamientos activos o centrados en la solución del problema están considerados las más efectivas para la prevención y manejo del BO (Leiter, 1991; Ceslowitz, 1989). En varios trabajos se pueden revisar detenidamente las técnicas y resultados acumulados en muchos estudios (Maslach, 1982; Gil-Monte, Peiró, 1997, etc).
Otras estrategias recomendadas desde la perspectiva individual son: aumentar la competencia profesional, propiciando la investigación y la formación continuada; rediseñar la ejecución, haciendo las cosas de forma diferente; distracciones extralaborales, practicando ejercicios físicos, deportes, relajación, teniendo algún hobby particular; tomar pequeños momentos de descansos (pausas) durante el trabajo; autoproyectar objetivos reales y factibles de alcanzar; y cómo último recurso para no abandonar la profesión: cambiar de puesto dentro o fuera de la institución.
La mayoría de las estrategias que abordan la prevención del BO desde la perspectiva grupal recomiendan fomentarel apoyo social por parte de compañeros y jefes (Shinn, Morch, 1985; Matteson, Ivancevich, 1987). Las experiencias obtenidas demuestran que el apoyo social aumenta la RP en el trabajo, disminuye el AE y mejora actitudes y conductas negativas hacia otros (Leiter, 1988; Pines, 1993; Taerk, 1983; Gil-Monte, Peiró, 1997, y otros). Al desarrollo de habilidades sociales en grupo para la prevención del BO se han dedicado pocos trabajos. Con las técnicas de entrenamiento en habilidades sociales (Gil, León, Jarana, 1992, y otros) se instruyen, modelan, refuerzan, ensayan y generalizan conductas alternativas ante las demandas de la vida laboral-profesional y personal, siguiendo una secuencia que tiene objetivos bien determinados. El desarrollo de habilidades comunicativas con estas técnicas es relevante para los profesionales de la salud y los representantes de muchas otras profesiones de ayuda (Grau, 1996).
Las estrategias organizacionales más relevantes son: los programas de socialización anticipatoria para prevenir el choque con la realidad y sus consecuencias (Matteson, Ivancevich, 1987), haciendo que se experimente "antes" de que el profesional comience su vida laboral, en un contexto de prueba que permite desarrollar estrategias constructivas; los programas de evaluación y retroinformación que fomentan la evaluación como "desarrollo" y no como "juicio" (Matteson, Ivancevich, 1987), y los programas de desarrollo organizacional con el fin de mejorar el ambiente y el clima organizacional mediante el desarrollo de equipos eficaces, con un esfuerzo sistemático y planificado, focalizado a largo plazo en la cultura organizacional y en los procesos sociales y humanos de la institución (Gil-Monte, Peiró, 1997). Otra estrategia es el rediseño de la realización de las tareas (Maslach, 1982), que puede facilitar la disminución de la sobrecarga laboral y de las disfunciones de los roles profesionales. El facilitar que los profesionales puedan cambiar de actividades (Edelwich, Brodsky, 1980) y considerar cambios que lleven mejoras de recompensas y de promoción del profesional (Shinn, Morch, 1985) incrementan la responsabilidad, la participación en la toma de decisiones y la autonomía. Orlowsky, Gulledge (1986) y Bolle (1988) proponen que se facilite y promuevan las reuniones multidisciplinarias con periodicidad, se formen grupos de trabajo con flexibilidad laboral (rotación programada, cambio de horarios, etc.). Maslach (1982) y Orlowsky y Gulledge (1986) recomiendan disponer de un equipo de especialistas de ayuda (psicólogos, terapeutas) a profesionales con problemas.
Como puede observarse, las estrategias y procedimientos a usar en la prevención y control del BO son muy diversos, hay que elegir cuidadosamente aquellos que deberán usarse en el marco de "paquetes" de intervención ante cada situación específica, singular.
El burnout en los profesionales de la salud
De todo el análisis conducido hasta el presente puede inferirse la importancia del estudio y manejo del BO en los profesionales de la salud (Bravo y otros, 1993, Rodríguez Marín, 1995). Cuando la relación personal de salud-paciente se deteriora, es frecuente "culpabilizar" de ello a los pacientes, se les cataloga de "majaderos" y se genera cierto grado de hostilidad y resentimiento hacia ellos. A la larga, los profesionales sanitarios pueden acabar reduciendo su eficacia percibida, cuestionando su propia capacidad profesional y personal. Importancia particular tiene aquí la cantidad y calidad del contacto diario con los pacientes. La atención profesional a ellos es emocionalmente muy exigente, de forma que cuánto más tiempo se le dedica, mayor es el riesgo de desgaste emocional que se corre. Maslach y Jackson (1982) han demostrado una relación significativa entre el tiempo que pasan los médicos en contacto directo con sus pacientes y su puntuación en la escala de AE del MBI, los profesionales que dedicaban gran parte de su tiempo a la docencia y/o la administración puntuaban más bajo en esa escala. Tiene también cierta importancia en este personal la naturaleza de la enfermedad con la que se lucha: algunas enfermedades (quemados, cáncer, SIDA, etc.) son altamente estresantes para el personal de salud, tanto por los síntomas, como por la gravedad de su pronóstico.
Otra fuente de tensión está dada por los problemas de comunicación con los pacientes. Durante siglos, la comunicación fué el mayor constituyente terapéutico en la interacción establecida entre médicos y enfermos. Con la aparición de la tecnología, se desarrollaron formas nuevas de interacción, pero la comunicación personal, directa se redujo, y con ella, muchas de las ofertas terapéuticas que reclaman los pacientes y que son realmente necesarias: diálogo, apoyo, educación e información sobre la enfermedad y el proceso de tratamiento. Muchos estudios demuestran que los enfermos desean algo más que medicamentos y recursos técnicos, la interacción social inadecuada afecta la confianza y la colaboración del paciente (Mechanic, 1978; Witzkin, Stoeckle, 1980; Jensen, 1981; Maya y cols, 1984; y muchos otros). La comunicación con los profesionales de la salud ha sido considerada por los pacientes el hecho más negativo (65 %) durante una estadía hospitalaria (Gil, León, Jarana, 1992). Lo cierto es que este no es aún un problema resuelto. No reconocer estas dificultades sigue generando estrés en situaciones asistenciales. Este problema en la comunicación no sólo afecta a los pacientes, sino a los propios profesionales encargados de proveerla; se ha dicho que los médicos saben lo que piensan y lo que creen, pero con poca frecuencia están en contacto con lo que sienten (Grau, 1996).
Esta situación de déficit de comunicación adquiere mayor relevancia en la atención a pacientes graves, de pronóstico sombrío o en estadío terminal. Estos problemas han sido ampliamente analizados en una obra reciente: "Cómo dar malas noticias en Medicina?" (Gómez Sancho, 1998). En este trabajo y en muchos otros subsiste la noción de que la comunicación es la llave de la intervención sobre los componentes sociales, psicológicos y espirituales del sufrimiento. Proveer de calidad de vida a pacientes cuya enfermedad progresa rápida e inexorablemente, manteniendo los síntomas controlados y conservando el mayor bienestar emocional posible es en sí misma una tarea que involucra una alta demanda a la preparación profesional y a la competencia para el trabajo en equipo. Este personal tiene que estar siempre alerta a cualquier señal de inundación o sobrecarga para no quemarse en la tarea (Grau y cols, 1995; Grau, 1996). No es casual que se destaque el impacto de enfermedades como el cáncer avanzado en los profesionales de la salud que atienden estos pacientes al analizar el BO (Rodríguez Marín, 1995).
En el marco de salud, la ambiguedad y el conflicto de rol, y muchos otros estresores, son fenómenos frecuentes, y particularmente importantes en el personal de enfermería (Gil-Monte, 1994; Chacón, 1995). Las enfermeras pasan más tiempo con sus pacientes y familiares que los propios médicos, están sometidas a demandas físicas y emocionales sin precedentes, al involucrarse en el cuidado del enfermo con un nivel de intimidad no comparable con el de otro profesional. Ellas están en contacto frecuente con el sufrimiento, el dolor, la angustia, la inminencia de muerte. El tiempo les es insuficiente para completar sus tareas, algunas de las cuales no están directamente relacionadas con su profesión. No siempre ellas tienen la preparación adecuada para el rol a desempeñar, a veces tienen poco apoyo y pobre comunicación con compañeros del equipo y colegas a nivel horizontal y vertical. Este personal se ve frecuentemente sometido a varias líneas de autoridad y es incapaz de controlar la conducta de los médicos con los que trabaja, o de la dirección (supervisión) de enfermería que determina o planifica su trabajo. Esta falta de control conduce muchas veces al agotamiento emocional típico del BO, que es más alto en las que tienen menos capacidad de decisión o que están sometidos a problemas burocráticos, y también en aquellas que tienen menos oportunidad de crear en su trabajo (Skvenington, 1984; Maslach, Jackson, 1982; Bravo y cols, 1993). Mientras el personal médico tradicionalmente se centra en la "cura" del paciente, el rol acuñado de la enfermera se centra en el "cuidado" del mismo, aun cúando esta distinción es más teórica que real. Este solapamiento y ambiguedad de roles conduce a un estrés no fácil de superar. De las enfermeras se espera que tengan iniciativa y hagan recomendaciones responsables, pero por otro lado, deben ser pasivas y obedientes de las órdenes y procedimientos prescritos por médicos y supervisores. Esta naturaleza encubierta es aprendida, para colmo, por "ensayo y error", con el agravante de que los errores son sancionados habitualmente, pero rara vez hay reconocimiento explícito de que se está jugando bien el rol laboral (Maslach, Jackson, 1982). Las relaciones con el personal médico, la falta de participación en la toma de decisiones laborales, el horario de trabajos (turnos) y otros estresores organizacionales tipifican en este personal un patrón profesional de vulnerabilidad al BO, con sus consecuencias desastrosas (Chacón, 1995). Resultados de investigaciones realizadas en enfermeras austríacas, confirman que la carga de extrés durante las interacciones con sus pacientes, incrementa la frecuencia de cansancio emocional, de despersonalización y una disminución en el rendimiento personal (Traber y cols, 1995). Parece ser que estos resultados son similares a los encontrados en sus colegas de varios países, según plantean los propios autores y se puede observar en la revisión de la literatura.
En Cuba se han realizado algunos estudios, siguiendo una línea de investigación que trata de poner en claro las variables causales, moduladoras, antecedentes y consecuentes del BO en enfermería (Chacón, 1995). Chacón y cols (1994) encontraron que las reacciones afectivas más frecuentes en enfermeras oncólogas eran de ira, asociadas a sentimientos de impotencia, cuando existía una alta demanda emocional. Un estudio exploratorio utilizando el CBB, desarrollado por Hernández (1995), encontró que la población de enfermeras oncólogas está más afectada de BO que los médicos, en particular, en la dimensión despersonalización: dos tercios de las enfermeras puntuaban BO moderado y alto en el CBB, mientras que sólo un tercio de los médicos lo hacía en esas categorías. Portales (1997) aplicó el CBB en una muestra de enfermeras de servicios médicos y quirúrgicos de un hospital general, encontrando niveles discretamente más altos de BO en las enfermeras de los servicios quirúrgicos. Este trabajo permitió recomendar un nuevo tipo de calificación para el CBB, perfeccionando el método tradicional de corte por porcentiles. En el estudio de Landeros (1997) se encontró que los marcadores de estrés no diferenciaban sustancialmente las enfermeras de servicios médicos y quirúrgicos, aunque en este último grupo era superior el promedio de respuestas psicofisiológicas de tipo cardiovascular; los afrontamientos que primaban en las de alto BO eran pasivo-cognitivos.
En conclusión, el BO representa una seria amenaza para los equipos de salud y requiere el establecimiento de medidas urgentes para su prevención y manejo.
REFERENCIAS Beck DF. Counselors burnout in family service agencies. Social Casework 1987; 68 (1): 3-15.
Belcastro PA, Gold RS. Teacher stress and burnout: implications for school health personnel. J of School Health 1983; 53 (7): 404-07.
Bolle JL. Supporting the deliverers of care: strategies to support nurses and prevent burnout. The Nurses Clinics of North America 1988; 23 (4): 843-50.
Boyle A, Grap M, Younger J et al. Personality hardiness, ways of coping, social support and burnout in critical care nurses. J of Advanced Nursing 1991; 16 (7): 850-57.
Bravo MJ, Zurriaga R, Peiró JM et al. Un modelo causal sobre los antecedentes y consecuentes del estrés de rol en profesionales de la salud. Revista de Psicología de la Salud 1993; 5 (1):19-36.
Brookings JB, Boltob B, Brown CE et al. Self-reported job burnout among female human service
professionals. J of Occupational Behav 1985; 6: 143-50.Capel SA. The incidence of and influences on stress and burnout in secondary school teachers. British J of Educational Psychology 1987; 57 (3): 279-88.
Ceslowitz SB. Burnout and coping strategies among hospital staff nurses. J of Advanced Nursing 1989; 14 (7): 553-58.
Chacón M. El burnout en personal de enfermería. Ponencia al Congreso Internacional de Dolor y Cuidados Paliativos. Puerto Vallarta, México, 1995.
Chacón M, Grau J, Martin M et al. Estados emocionales generados por situaciones laborales estresantes en enfermeros oncólogos. Reporte de investigación, INOR, La Habana, 1994.
Cherniss C. Professional burnout in human service organizations. NY: Praeger, 1980.
Cherniss C. The role of professional self-efficacy in the etiology of burnout. In: Schaufeli WB, Moret T, Maslach C (Eds) Professional burnout: recent developments in theory and research. Washington DC: Hemisphere, 1993: 135-49.
Edelwich J, Brodsky A. Burnout: stages of desillusionment in the helping professions. NY: Human Sciences Press, 1980.
Etzion D, Pines A. Sex and culture in burnout and coping among human service professionals: a social psychological perspective. J of Cross-Cultural Psychology 1986; 17 (2): 191-209.
Farber BA. Stress and burnout in the human service professions. NY: Pergamon Press, 1983.
Farber BA. Stress and burnout in suburban teachers. J of Educational Res 1984; 77 (6): 325-31.
Firth H, McIntee J, McKeown P et al. Maslach Burnout Inventory: factor structure and norms for British nursing staff. Psychological Reports 1985; 57: 147-50.
Firth H, McKeown P, McIntee J et al. Professional depresion, burnout and personality in longstay nursing. Internat J of Nursing Studies 1987; 24 (3): 277-37.
Freudenberguer HJ. Staff burnout. J of Soccial Issues 1974; 30 (1): 159-65.
Freudenberguer HJ. Burnout: the high cost of high achievement. Garden City: Coubleday, 1980.
Garcia M. Burnout en profesionales de enfermería de Centros Hospitalarios. Revista de Psicología del trabajo y las organizaciones 1991; 7 (18): 3-12.
Garcia M, Llor B, Saéz C. Estudio comparativo de dos medidas de burnout en personal sanitario. Anales de Psiquiatría 1994; 10 (5): 180-84.
Gil-Monte PR, Peiró JM, Valcárcel P. A causal model of burnout process development: an alternative to Golembiewski and Leiter models. Trabajo presentado en el VII Congreso Europeo sobre Trabajo y Psicología Organizacional, Gyor, Hungría, 1995.
Gil-Monte PR, Peiró JM. Desgaste psíquico en el trabajo: el síndrome de quemarse. Madrid: Síntesis, 1997.
Golembiewski RT, Munzenrider R, Carter D. Phases of progressive burnout and their work site covariants: critical issues in OD research and praxis. J of Applied Behav Science 1983; 19 (4): 461-81.
Golembiewski RT, Munsenrider R, Stevenson JG. Stress in organizations: toward a phase model of burnout. NY: Praeger, 1986.
Golembiewski RT, Munzenrider R. Phases of burnout: development in concepts and applications. NY: Praeger, 1988.
Gómez Sancho M. Cómo dar malas noticias en Medicina? 2a ed. Madrid: Arán, 1998.
Grau J. El entrenamiento en habilidades sociales y comunicativas en el equipo de cuidados paliativos. Cuadernos de Psicología de la Salud Higia 1996; 1: 1-26.
Grau J, Lence J, Jiménez PJ et al. Calidad de vida y calidad de muerte: la atención psicológica al paciente oncológico en el marco de los cuidados paliativos.
Premisas de un proyecto cubano. Revista Psicologia y Salud 1995; 5: 11-26.Green DE, Walkey FH. A confirmation of the three-factors structure of the Maslach Burnout Inventory. Educational and Psychological Measurement 1988; 48: 579-85.
Haack MR. Stress and impairment among nursing students. Research in Nursing and Health 1988; 11: 125-34.
Hernández L. El síndrome de burnout en médicos y enfermeras que laboran en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología. Tesis de Maestría en Psicología de la Salud, Facultad de Salud Pública, la Habana, 1995.
Iwanicki EF, Schwab RL. A cross validation study of the Maslach Burnout Inventory. Educational and Psychological Measurement 1981; 41: 1167-74.
Jensen PS. The doctor-patient relationship headed for impasse or improvement. Ann Internat Med 1981; 95 (6): 769-71.
Jones JW. The Staff Burnout Scale for Health Professionals (SBS-HP). Park Ridge, Ill: London House, 1980.
Jones JW. Diagnosing and treating staff burnout among health professionals. In: Jones JW (Ed) The Burnout Syndrome: current research, theory, interventions. Park Ridge, Ill: London House, 1982: 107-25.
Kobasa SC, Maddi SR, Kahn S. Hardiness and health: a prospective study. J of Personality and Social Psychology 1982; 42 (1): 168-77.
Koeske GF, Koeske RD. Construct validity of the Maslach Burnout Inventory; a critical review and reconceptualization. J of Applied Behav Science 1989; 25 (2): 131-44.
Landeros M. Estrés y burnout en enfermeras de servicios médicos y quirúrgicos del Hospital General Docente "Calixto García", Ciudad de la Habana. Tesis de
Maestría en Psicología de la Salud, Facultad de Salud Pública, La Habana, 1997.Landsbergis PA. Occupational stress among health care workers: a test of the job demands-control model. J of Organizational Behavior 1988; 9 (3): 217-39.
Lee RT, Ashforth BE. On the meaning of Maslach's three dimensions of burnout. J of Applied Psychology 1990; 75 (6): 743-47.
Leiter MP. Burnout as a function of communication patterns. Group and Organization Studies 1988; 13 (1): 111-28.
Leiter MP. Coping patterns as predictors of burnout: the function of control and escapist coping patterns. J of Organizational Behavior 1991; 12 (2): 123-44.
Leiter MP, Maslach C. The impact of interpersonal enviroment on burnout and organizational commitment. J of Organizational Behavior 1988; 9: 297-308.
Maslach C. Burnout: the cost of caring. NY: Prentice Hall Press, 1982.
Maslach C, Jackson SE. Maslach Burnout Inventory. Palo Alto, Ca: Consulting Psychologists Press, 1981.
Maslach C, Jackson SE. Burnout in Health Professions: a social psychological analysis. En: Sanders GS, Sulz J (Eds) Social Psychology of Health and Illness. Hillsdale, NJ: Laurence Erlbaum, 1982.
Maslach C, Jackson SE. Maslach Burnout Inventory, 2a ed. Palo Alto, Ca: Consulting Psychologits Press, 1986.
Matteson MT, Ivancevich JM. Controlling work stress. Effective human resource and management strategies. San Francisco: Jossey-Bass, 1987.
Maya JC, Reynales H, Llanos G. Elmédico informa adecuadamente a los pacientes? Bol OPS 1984; 97 (1), 26-32.
McCranie EW, Lambert V, Lambert C. Work stress, hardiness and burnout among hospital staff nurses. Nursing Research 1987; 36 (6): 374-78.
McCranie EW, Brandsma JM. Personality antecedents of burnout among middle-aged physicians. Behav Medicine 1988; 14: 30-6.
McMullen MB, Krantz M. Burnout in day cre workers. The effects of learned helplessness and self-esteem. Child and Youth Care Quarterly 1988; 17 (4): 275-80.
Mechanic D. Medical Sociology. NY: Free Press, 1978.
Moreno B, Oliver C, Aragones A. El burnout: una forma específica de estrés laboral. En Buela Casal G, Caballo V (Eds). Manual de Psicología Clínica Aplicada. Madrid: Siglo XXI, 1991: 271-79.
Moreno B, Oliver C. El MBI como escala de estrés en profesionales asistenciales: adaptación y nuevas versiones. Ponencia al Congreso Iberoamericano de Psicología, Madrid, julio de 1992.
Nagy S, Davis LG. Burnout: a comparative analysis of personality and enviromental variables. Psychological Reports 1985; 57: 1319-26.
Nowack KM. Type A, hardiness and psychological distress. J of Behav Med 1986; 9 (6): 537-48.
Oliver C. Análisis de la problemática de estrés en el profesorado de enseñanza media: el burnout como síndrome específico. Tesis doctoral no publicada, Facultad de Psicología, UAM, 1993.
Olmedo E. Propiedades psicométricas del constructo burnout. Tesis de Licenciatura, Facultad de Psicología, Universidad de Valencia, 1993.
Orlowsky JP, Gulledge AD. Critical care stress and burnout. Critical Care Clinics 1986; 2 (1): 173-81.
Peiró JM. Desencadenantes del estrés laboral. Madrid: Eudema, 1992.
Pierce CM, Molloy GN. The construct validity of the Maslach Burnout Inventory: some data from down under. Psychological Reports 1989; 65: 1340-42.
Pines A. Burnout. In: Goldberger L, Brezhnitz Sh (Eds). Handbook of stress: theoretical and clinical aspects, 2a ed. NY: Free Press, 1993: 386-402.
Pines A, Aaronson E, Kafry D. Burnout: from tedium to personal growth. NY: Free Press, 1981.
Pines A, Aaronson E. Career burnout: causes and cures. NY: Free Press, 1988.
Portales A. Niveles de burnout en enfermeras de servicios médicos y quirúrgicos. Tesis de Maestría en Psicología de la Salud, Facultad de Salud Pública, La Habana, 1997.
Richardsen AM, Burke RJ, Leiter MP. Occupational demands, psychological burnout and anxiety among hospital personnel in Norway. Anxiety, Stress and Coping 1992; 5 (1): 55-68.
Rodríguez Marín J. Psicología Social de la Salud. Madrid: Síntesis, 1995.
Schaufeli WB, Dierendonck D. The construct validity of two burnout measures. J of Occupational Behavior 1993; 14: 631-47.
Schaufeli WB, Dierendonck D. A cautionary note about the cross-national and clinical validity of cut-off points of the Maslach Burnout Inventory. Psychological
Reports 1995; 76: 1083-90.Schaufeli WD, Enzmann D, Girault N. Measurement of burnout: a review. In: Schaufeli WB, Maslach C, Marek T (Eds) Professional burnout: recent developments in theory and research. UK: Taylor & Francis, 1993: 199-215.
Schwab RL, Jackson SE, Schuler RS. Educator burnout: sources and consequences. Educational Research Quarterly 1986; 10 (3): 14-30.
Shinn M, Morch H. A tripartity model of coping with burnout. In: Farber Ba (Ed) Stress and burnout in human services professions. NY: Pergamon Press, 1983: 227-40.
Skvenington S. Understanding nurses. The social psychology of nursing. Chichester: Wiley & Sons, 1984.
Taerk G. Psychological support of oncology nurses: a role for the liaison psychiatrist. Canadian J of Psychiatry 1983; 28: 532-35.
Topf M. Personality hardiness, occupational stress and burnout in critical care nurses. Research in Nursing and Health 1989; 12 (3): 179-86.
Traber R, Freidi W, Egger J et al. Burnout en asistentes de enfermería geriátrica. En: Memorias de la 8a. Conferencia Europea de Psicología de la Salud. Alicante: 1995, II, 832-39.
Witzkin H, Stoeckle JD. Comunicación de información acerca de la enfermedad. Consideraciones clínicas, sociológicas, metodológicas. Actualidades en Psicología 1980; 2 (2): 3-59.
Zabel RH, Zabel MK. Factors in burnout among teachers of exceptional children. Exceptional Children 1982; 49 (3): 261-63.
Boletín Latinoamericano de Psicología de la Salud