ESTADO ACTUAL Y PERSPECTIVAS

La salud es un asunto de vital importancia para todos nosotros. En las últimas décadas ha habido un giro en el modelo de salud, pasándose a considerar la misma como algo que hay que desarrollar y no como algo que hay que conservar. Tradicionalmente, el énfasis recaía en lo curativo, obviando la prevención y promoción de la salud. Actualmente, cuando nos referimos a la salud de un individuo estamos pensando en el bienestar del mismo a nivel biológico, psicológico y social. Esta nueva noción de salud reviste un carácter multifactorial, depende de muchos factores determinantes: factores biológicos, factores ligados al entorno, factores ligados al estilo de vida y factores ligados al sistema sanitario.

Ese pensamiento superficial y negativo de la salud que predominó en nuestra sociedad, y que fue ampliamente aceptada por la misma, se tradujo en una situación de crisis en la que ha entrado la salud y el sistema de servicios de salud en las décadas que siguen a la Segunda Guerra Mundial. Esta crisis fue el propulsor de la meta de Alma Ata, la de alcanzar la "salud para todos en el año 2000".

En el año 1978 la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebró la Conferencia Internacional sobre la Atención Primaria de la Salud en Alma Ata. En ella se promulgó la carta magna mediante la que se pretendía coordinar las estrategias que se desarrollaran en el campo de la salud en todas los países del globo terráqueo. El detonante de ello era "la necesidad de una acción urgente por parte de los gobiernos, de todo el personal de salud y de desarrollo, y de la comunidad mundial para proteger y promover la salud de todos los pueblos del mundo" (OMS, 1978, p. 2). Así mismo, se apostaba por el objetivo básico de proteger y promover la salud como alternativa al simple tratamiento o rehabilitación de las enfermedades.

Existen una serie de factores que están dificultando la obtención de dicha meta: la alta tecnología cuyos costes son excesivamente elevados y de ámbito preferentemente hospitalario en detrimento de la prevención y promoción de la salud, el incremento de un cúmulo de problemas crónicos cuyo origen no se puede buscar en los gérmenes sino en los comportamientos del sujeto (cáncer, enfermedades cardiovasculares accidentes de tráfico, enfermedades de trasmisión sexual, etcétera) (O´Neill, 1983) y la orientación medicalizada y curativa de los servicios de salud (San Martín, 1982).

Las diez principales causas de muerte en los países desarrollados se encuentran determinadas en gran parte por factores de conducta (Bayés, 1979; Matarazzo, 1984; Oblitas y Becoña, 2001). Podrían prevenirse si las personas mejoraran tan sólo cinco comportamientos: dieta, hábito de fumar, ejercicio físico, abuso del alcohol, uso de fármacos hipotensores (Costa y López, 1986). Es ampliamente aceptado que el 60%-70% de las visitas a los cuidados médicos primarios son por razones de naturaleza conductual (Broskowski, 1981).

Ante la abrumadora presencia del comportamiento como el gran responsable de la salud y la enfermedad, un nivel de análisis y de intervención prioritario, sobre todo desde la perspectiva de prevención, radica precisamente en el mismo comportamiento. La misma OMS (1982) ha apremiado para que se realicen investigaciones que promuevan comportamientos favorables para la salud, y para que se establezcan metodologías adecuadas para tal fin.

Las primeras aplicaciones prácticas subsiguientes a la conferencia de Alma Ata  se tradujeron en la cooperación entre la ciencia del comportamiento y las ciencias biomédicas, fruto de la cual se ha constituido recientemente un área de convergencia científica, metodológica, y técnica: la medicina comportamental (Schwartz y Weiss, 1977; Reig, 1981). Con ello se apuntaló definitivamente el rechazo a la dicotomía entre salud física y salud mental y se apostó definitivamente por el modelo biopsicosocial.

Además, el cada vez menos indiscutible y destacado papel del comportamiento en la salud ha dado lugar muy recientemente a un nuevo campo  de investigación e intervención, se trata de la psicología de la salud (Matarazzo, 1984; Reig, 1985). El énfasis de esta nueva área de trabajo se sitúa en la prevención, enfocando sus intervenciones en la modificación de los hábitos y estilos de vida inadecuados. La psicología de la salud es un área que se ha introducido a finales de los años 70 (Matarazzo, 1980; Stone, 1979) y su desarrollo ha sido vertiginoso tanto en el campo académico, como en el de investigación, como en el profesional. Como toda nueva área, y en particular una que se ha desarrollado con tanta rapidez, y que en la actualidad ha madurado como disciplina, comienza la tarea ardua de enjuiciar los progresos e identificar las cuestiones críticas.