En conclusión, hoy podemos afirmar que las diferencias son difusas entre medicina comportamental y psicología de la salud. Aunque hace unos años podía afirmarse claramente que la psicología de la salud representaba la contribución específica de la psicología a la medicina comportamental, hoy esto ya no es así (cfr. Blanchard, 1994). La distinción fundamental entre ambas es la aproximación interdisciplinaria a la salud y a la enfermedad adoptada por la medicina comportamental versus la aproximación de disciplina específica de la psicología de la salud (Feuerstein y cols., 1986).
La medicina comportamental se preocupa fundamentalmente por el tratamiento y la rehabilitación (tiene más interés en los aspectos de enfermedad que en los de salud), es decir, la intervención es de tipo curativo. La psicología de la salud tiene como objetivo prioritario la prevención, dirigiendo sus intervenciones a la modificación de los hábitos y estilos de vida inadecuados de los individuos. La psicología de la salud resultó del movimiento de la medicina comportamental y se distingue de la misma y de la salud comportamental por el énfasis en una perspectiva psicológica, además de la ya comentada no interdisciplinariedad.
Sin embargo, a pesar de que en la literatura existen innumerables distinciones conceptuales sobre ambos términos (Matarazzo, 1980; Taylor, 1986; Santacreu, 1991; Serafino, 1990), la práctica de los psicólogos de la salud en contextos clínicos pronto solapó la medicina comportamental y la psicología de la salud y, hoy, como ya hemos apuntado, en aquellos países en donde existe claramente delimitado el papel del psicólogo de la salud se ha ido imponiendo este término, coincidiendo las mismas aplicaciones para la persona que trabaja en medicina comportamental y en psicología de la salud.
La psicología de la salud es hoy en día una de las ramas de la psicología de mayor vitalidad. Aparecida a finales de los años 70, en muy pocos años se ha ido convirtiendo en los países desarrollados en un campo de intervención central para el psicólogo, siendo lo más probable que desplace en importancia al psicólogo clínico en el futuro. En Estados Unidos se puede ya hablar de la consolidación de la psicología de la salud tanto a nivel teórico, como investigador, formativo y profesional. Su sistema de salud, distinto a otros existentes en Europa o en Latinoamérica, también han favorecido este hecho, ante los enormes costos del sistema de salud y al hecho hoy incontestable de que la causa de la mortalidad y de la morbilidad está básicamente en nuestros comportamientos inadecuados. La situación no es la misma en España o en los distintos países de América Latina, aunque se va en la misma dirección.
En España podemos afirmar que el nivel de investigación en psicología de la salud es bueno (Reig, 1989; Rodríguez-Marín, 1991) y el nivel docente aceptable, dado que existen diversos Master de posgrado en varias universidades y los contenidos esenciales de esta disciplina se cursan a lo largo de la licenciatura. Donde la situación no es tan buena es en el nivel profesional, o lo que es lo mismo, del número de psicólogos de la salud empleados como tales. Esto todavía no es una realidad sino un deseo al que le quedan pocos años por cumplirse. Algo semejante ocurre en Latinoamérica y la razón es bien sencilla: la psicología de la salud no aparece, se desarrolla y se implanta, hasta que previamente se ha desarrollado extensamente la psicología clínica (Pérez, 1991).
Aunque la psicología de la salud propone como central el modelo biopsicosocial (Engel, 1977; Santacreu, 1991), éste no es el modelo predominante en la psicología clínica (Belloch y Olabarría, 1993) y, aunque no estemos de acuerdo con distinciones como salud física y salud mental, son distinciones que muchos planificadores consideran como tales y, consiguientemente sólo es posible llegar a intervenir en esa parte "física" cuando se ha establecido y consolidado la intervención en esa otra parte "mental" y, además, siempre que se utilicen técnicas comportamentales que permitan posteriormente desarrollar el campo de la psicología de la salud. Sino, estaríamos hablando de otros términos y áreas como psicología médica, medicina psicosomática, educación para la salud, etcétera. Y, cuando ambas están implantadas, es la "división del trabajo", en palabras de Pérez (1991) la que delimita la psicología clínica de la psicología de la salud, y de nuevo volvemos a caer en la división del trabajo a nivel real, como claramente se aprecia en los más recientes manuales disponibles de psicología clínica (Phares, 1992) y psicología de la salud (Bishop, 1994), como en los currículos académicos de formación de una y otra área, sea de pregrado o de posgrado y en donde la psicología clínica queda reducida a los trastornos clásicos "mentales" y la psicología de la salud a los nuevos, para la psicología, trastornos "físicos" en que puede intervenir eficazmente la psicología con las técnicas comportamentales. Por ello, volvemos a insistir, si no se consolida primeramente la psicología clínica va a ser difícil llegar a ver la aparición, y menos la consolidación, de la psicología de la salud (Santacreu, 1991).
En España, el actual sistema de formación posgraduado de los Psicólogos Internos Residentes (P.I.R.) de la administración sanitaria pública forma a los psicólogos en el "campo de la salud mental" y, por ello, su formación básicamente se hace en salud mental y escasamente en las temáticas relacionadas con el campo de estudio y aplicación de la psicología de la salud. En cambio, hay que reconocer, que el nivel investigador existente en psicología de la salud en España es bueno y amplio, como lo muestran varios libros publicados (Buceta, 1990; Buceta y Bueno, 1990; Simón, 1993) y una revista dedicada a esta temática (la Revista de Psicología de la Salud).
El campo de la psicología de la salud está muy influenciado por la historia y el estatus actual de la psicología del contorno sociocultural en cuestión (Stone, 1990). En Latinoamérica el desarrollo de la psicología de la salud depende del desarrollo de la psicología en cada país, del modelo teórico dominante y de la mayor o menor consolidación de la psicología clínica, que es, como ya hemos visto, el antecedente para la posterior consolidación de la psicología de la salud. Destacaríamos en este sentido distintos números monográficos de revistas publicados en la Revista Latinoamericana de Psicología (Donovan, 1988), en la de Avances en Psicología Clínica Latinoamericana (Ardilla, 1992), y este mismo número monográfico sobre psicología de la salud de la revista Psicología Contemporánea. En México el desarrollo de la modificación de conducta también se ha visto favorecido desde la elaboración de modelos teóricos (Ribes, 1990), como distintas aplicaciones de la psicología de la salud (Oblitas, 1989; Oblitas y Becoña, 2001; Oblitas, 2003, 2004 y 2004ª) y revisiones sobre el tema (Moscoso y Oblitas, 1994). Algo semejante ha ocurrido en otros países, como Colombia (Vinaccia, 1989).
Como conclusión más importante, la psicología de la salud es el campo de mayor futuro de la psicología para las próximas décadas y, por tanto, es donde hay que esperar que se produzca el mayor desarrollo, crecimiento y expansión de todas las ramas de la psicología, tanto a nivel teórico, como formativo, investigador y, aún más importante, profesional.