El CAMBIO EN EL CAMPO DE LA SALUD

En las últimas décadas estamos asistiendo a un cambio vertiginoso en el campo de la salud. Ahora bien, dicho cambio no ha tenido lugar de un modo abrupto, más bien ha sido propiciado por un monto de factores que se han ido sucediendo a lo largo del siglo XX (Oblitas, 2000, 2003, 2004, 2004a).

En primer lugar, la salud ya no se conceptualiza como la ausencia de enfermedad sino que se entiende la misma como un estado positivo de bienestar (Stone, 1979). Desde los orígenes de la humanidad, la salud y la enfermedad, han sido fuente de preocupación para el ser humano. Hasta bien entrado el siglo XX, la salud se conceptualizó como la ausencia de enfermedad. De hecho desde el modelo médico se entendía la salud como algo que hay que conservar o curar frente a agresiones puntuales (ej., accidentes, infecciones) (Labrador, Muñoz y Cruzado, 1990). Incluso, en la actualidad, la gente de la calle cuando se refiere a ese término generalmente piensa sólo en los aspectos físicos, raramente en los aspectos psicológicos y conductuales asociados a la misma (Becoña, Vázquez y Oblitas, 1995).

En las últimas décadas hemos asistido a un giro en la conceptualización de salud, considerándose a la misma como algo que hay que desarrollar y no como algo que hay que conservar. En consonancia con este enfoque, en 1946 las Naciones Unidas fundaron la Organización Mundial de la Salud e incluyeron en el preámbulo de su constitución la siguiente definición: "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de dolencias o enfermedad" (WHO, 1947). Esta conceptualización positiva, incluso utópica, nos lleva a abordar la misma como un concepto multidimensional, que considera sus aspectos biológicos, psicológicos y sociales.

 

Un segundo factor,  que ha contribuido al cuestionamiento del quehacer en el campo de la salud ha sido el coste elevado de los cuidados de salud. Sin lugar a dudas, un factor determinante en el cuestionamiento del quehacer en el campo de la salud ha sido el incremento acusado de los costes derivados del cuidado médico. Los costes médicos cada año suponen una mayor porción del producto interior bruto. Así, por ejemplo, en EE.UU. de 1975 a 1987 el coste anual total de cuidado de la salud se incrementó en 591 dólares por persona, o lo que es lo mismo, un 236% más, además de producirse un incremento anual respecto al período comprendido entre 1960 y 1975. En 1987 los americanos gastaron más de 500 mil millones de dólares en cuidados de salud, cantidad que representa el 11,1% del PIB, más del doble que la gastada en 1960 (5,3%) (USBC, 1990). En España, en 1990, los gastos se dispararon a la nada despreciable cantidad de 2,3 billones de pesetas.

En tercer lugar, desde el siglo XIX el modelo principal de la salud y la enfermedad ha sido el modelo biomédico. Éste explica la enfermedad en términos de parámetros físicos y la biología molecular es su disciplina científica básica. El modelo biomédico implica que las cuestiones psicosociales no son responsabilidad de los médicos. La noción de que la enfermedad era causada por un patógeno específico estimuló el  desarrollo de las drogas sintéticas y la tecnología médica y suscitó el optimismo que muchas enfermedades podrían ser curadas. Sin embargo, el punto de vista de que una enfermedad se encuentra en un agente específico ha dado al campo médico una perspectiva que se focaliza más sobre la enfermedad que sobre la salud. Además, este modelo médico define la salud exclusivamente en términos de ausencia de enfermedad (Engel, 1977). Aunque el modelo biomédico de enfermedad ha predominado, unos pocos médicos han comenzado a defender una aproximación holística a la medicina, esto es una aproximación que considera los aspectos sociales, psicológicos y fisiológicos (ej., Brody, 1973; Engel, 1977; Janoski y Schwartz, 1985). Durante el último cuarto del siglo XX, más médicos, muchos psicólogos y algunos sociólogos han incluso comenzado a cuestionarse la utilidad del modelo biomédico. No dudan de que dicho modelo ha significado un importante progreso, sino que cuestionan la limitación a que impone al concepto de salud. Hace dos décadas, ha comenzado a emerger un modelo alternativo, que no sólo incorpora factores sociales sino que también incluye los psicológicos y los sociales. Éste se ha acuñado con el nombre de modelo biopsicosocial, en que la salud es vista de nuevo como una condición positiva (Engel, 1977).

Actualmente, en el campo del cuidado de la salud, la gente está debatiendo cuál es el modelo que deberían usar los investigadores y los clínicos. Algunos han mostrado su insatisfacción con el modelo médico tradicional y han cuestionado su idoneidad. Ahora bien, esa insatisfacción no es un motivo suficiente para provocar un cambio. Es necesario la disponibilidad de un modelo alternativo, que debe reunir la fuerza del modelo antiguo más la capacidad de resolver los problemas en los que ha fracasado el modelo antiguo. Los defensores del modelo biopsicosocial creen que reúne ambas cuestiones. Cada vez tiene más defensores y menos detractores, sin embargo, el modelo médico continúa siendo el modelo dominante (Brannnon y Fiest, 1992).

Ahora bien, al margen de lo que puedan creer los profesionales de la salud, y un aspecto a tener muy en cuenta, es que mucha gente que no está familiarizado con el modelo biopsicosocial de enfermedad, sin embargo, creen que los factores psicológicos y sociales, así como los biológicos, influyen en la salud y en la enfermedad. La investigación en el área de cómo la gente conceptualiza la enfermedad ha demostrado que la gente usa explicaciones psicológicas, sociales y biológicas en la formulación de sus puntos de vista acerca de la enfermedad (ej., Lau y Hartman, 1983).