DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA. SITUACIÓN DE LA PROMOCIÓN DE LOS ESTILOS DE VIDA SALUDABLES.
En los últimos años se ha producido el reconocimiento definitivo por parte de los distintos organismos de salud tanto internacionales como nacionales de que la mortalidad y morbilidad está producida en su mayor parte por motivos conductuales, por lo que la gente hace no por causas infecciosas o envejecimiento natural del organismo. Esto ha llevado en los últimos años a realizar múltiples estudios tanto de tipo epidemiológico como experimental y clínico para conocer pormenorizada y exactamente las causas de muerte y los factores que protegen de morir prematuramente (ej., Doll y Peto, 1989). Es lo que se ha entendido como comportamientos aconsejables para la salud (Oblitas, 2000, 2003, 2004, 2004a).
Entre los comportamientos aconsejables para la salud o comportamientos saludables están, como indicamos previamente, dormir siete u ocho horas cada día, desayunar cada mañana, nunca comer entre comidas pocas veces, aproximarse al peso conveniente en función de la talla, no fumar, usar moderadamente el alcohol u optar por un comportamiento abstemio, y realizar con regularidad alguna actividad física. Por otro lado estos comportamientos saludables son bien conocidos por la población de los países desarrollados y se desarrollan sistemáticamente campañas para que la gente lleve una vida más saludable. Cada vez se incide más en que la gente deje de fumar, en que tenga una dieta adecuada y controle el peso, en que reduzca el consumo de alcohol y en que haga chequeos médicos periódicos.
Pero lo que sí también sabemos es que estos esfuerzos no siempre dan sus frutos y que la gente, aún teniendo información adecuada sobre su salud, no cambia. ¿Por qué? Esto trataremos de explicarlo a continuación exponiendo primeramente varios ejemplos de promoción de estilos de vida saludables, qué debemos hacer para promoverlos y si realmente podemos conseguir una promoción efectiva de estilos de vida saludables.